De Farruquito a Carpenter
Si uno se pone la radio hoy en día y no concluye en que el ser humano es profundamente subnormal es que tiene un problema cognoscitivo (que no se entera, vamos). Escuchando ayer noche los rebuznos del presidente en funciones del betisbalompié llegué a entender porque todavía tenemos problemas al atarnos los zapatos. Que dos tíos de huevera negra y corbata se estén tirando pullazos al geto por vía multimedia dejando la ciudad de Sevilla a la altura del betún delante de toda España entra dentro de eso que Valle Inclán definió tan acertadamente como el esperpento. 

Nada raro, en estos días nuestros en los que los terroristas hijolagranputas se apropian el epíteto del mártir a base de biomanán y en los que todo es tan políticamente correcto que hasta se nos pide comprensión a Farruquito. Pues mire usted que yo me cago en todos los putos muertos de la corrección política. Y le digo má, que diría el ambiguo de Lopera, debo estar yo mal de la azotea por desear que a De Juana le enchufen el suero allá donde acaba la espalda y que al pobre gitanito le dejen el ojete en el presidio con un perímetro a lo Guantánamo. En la España profunda publican en todos los periódicos que le pegan fuego a otra víctima de esas de género. Con tetas, vaya, que si me lo pegan a mí no salgo ni el Marca. Mi padre es de los que sueltan aquello de "algo habrá hecho". Yo no es que vaya a suscribirme a la coña, pero yo soy de los que sonríe cuando lo suelta, para qué nos vamos a engañar. Joder, sonríe hasta mi madre. Será porque trabaja con mujeres. O eso, o en mi casa somos todos unos hijos de puta. En cualquier caso, nos da carisma, así que no nos quejaremos. El tema es que el otro día ví La Cosa de Carpenter y me resultó curioso el paralelismo existente entre los métodos de ejecución para un organismo alienígena que absorbe a los hombres hasta convertirlos en otra cosa y las parientas. También Carpenter le pegaría fuego. Al organismo alienígena, claro...
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